¿Cómo elegir la mejor tarifa de luz para una segunda residencia?

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Si tienes una segunda vivienda, es muy probable que estés pagando de más en la factura de la luz sin saberlo, pues muchas personas mantienen la misma tarifa que en su vivienda habitual, aunque el uso sea muy diferente. En este artículo te explicamos de forma sencilla cómo elegir la tarifa de luz que mejor encaja según cómo uses tu segunda residencia.

La mejor tarifa de luz para segundas residencias depende de 3 cosas

Antes de hablar de tarifas concretas, hay algo fundamental que debes tener claro: no existe una “tarifa perfecta” para todas las segundas viviendas. 

La mejor opción depende principalmente de tres factores muy concretos:

Uso (¿cuándo vas?)

El momento en el que utilizas la segunda vivienda es clave para elegir bien la tarifa. No consume lo mismo una casa a la que solo vas en agosto que otra que usas todos los fines de semana o algunos días entre semana para teletrabajar. 

Si el consumo se concentra en periodos muy concretos, como fines de semana o vacaciones, conviene buscar tarifas que tengan precios más bajos justo en esos días u horas. 

En cambio, si el uso es muy esporádico y poco predecible, puede interesarte más una tarifa de precio fijo las 24 horas que no te obligue a estar pendiente del reloj. 

Cuanto más claro tengas cuándo consumes luz, más fácil será pagar solo por lo que realmente usas.

¿Cuánto tiempo está cerrada?

Muchas segundas residencias pasan meses enteros sin nadie dentro, especialmente fuera de temporada. Aunque no haya consumo de electricidad, el suministro eléctrico sigue activo y genera un coste fijo todos los meses, que es lo que se conoce como término fijo de la factura. 

Esto es lo que suele sorprender cuando llega la factura: pagar aunque no hayas encendido ni una luz. En estos casos, es fundamental minimizar esos costes fijos, evitando servicios añadidos innecesarios y revisando bien la potencia contratada. 

Si la vivienda pasa largas temporadas cerrada, este punto pesa incluso más que el precio del kWh.

Potencia y consumo real

En las segundas viviendas es muy habitual tener contratada más potencia de la necesaria “por si acaso”. El problema es que esa potencia extra se paga todos los días del año, uses la casa o no, es decir, el término fijo. 

Si solo utilizas electrodomésticos básicos y no conectas muchos a la vez, probablemente puedas bajar la potencia sin notar ningún inconveniente. 

De hecho, ajustar la potencia al consumo real es uno de los cambios más efectivos para reducir la factura en una segunda residencia, especialmente cuando el uso es puntual o estacional.

El gran error: pagar potencia como si vivieras allí

Este es, sin duda, el error más común en segundas residencias. En la factura de la luz hay dos grandes bloques: el término de potencia o término fijo, que es un coste fijo que pagas todos los meses por tener el suministro activo, y el término de energía, que depende del consumo real en kWh. 

El problema es que el término de potencia se paga todos los días del año, independientemente de si estás en la vivienda o no.

Cuando el consumo es bajo o muy puntual, como ocurre en muchas segundas viviendas, ese coste fijo no se “diluye” con el uso. Es decir, aunque apenas enciendas luces o electrodomésticos, sigues pagando lo mismo por la potencia contratada

Por eso, en meses en los que apenas hay consumo, el término de potencia puede llegar a representar la mayor parte del importe total de la factura, incluso más que la energía consumida.

En cambio, en una vivienda habitual, donde el consumo es constante, ese coste fijo pasa más desapercibido porque se reparte entre muchos kWh consumidos. En una segunda residencia ocurre justo lo contrario: pocos kWh y muchos días pagando potencia.

Por eso es clave revisar la potencia contratada y ajustarla al uso real que haces de la vivienda.


¿Qué potencia suele tener sentido en una segunda vivienda?

En la mayoría de segundas residencias, una potencia entre 2,3 kW y 3,45 kW suele ser suficiente para un uso puntual. Esto te permitirá cubrir sin problemas nevera, luces, televisión y pequeños electrodomésticos, siempre que no se usen todos a la vez.

De hecho, una de las mejores formas de saber qué potencia contratar es revisar la potencia máxima que realmente ha necesitado tu vivienda en algún momento. Este dato lo tiene la distribuidora de luz, que es la empresa encargada del suministro eléctrico en tu zona, y puedes solicitarlo fácilmente por teléfono o a través de su área de clientes. 

La potencia máxima demandada refleja el pico más alto de uso que has tenido, incluso aunque haya sido puntual. Si ese valor está muy por debajo de la potencia que tienes contratada, es una señal clara de que estás pagando de más sin necesidad.

Por ejemplo, imagina una segunda vivienda en la que solo se va algunos fines de semana y en verano. Al consultar a la distribuidora, el dato de potencia máxima demandada muestra que nunca ha superado los 2,1 kW, ni siquiera cuando había varias cosas encendidas a la vez. Sin embargo, la vivienda tiene contratados 4,6 kW. 

En este caso, vemos que merece la pena bajar la potencia contratada a unos 2,5 kW, ya que no supondría ningún problema en el uso diario y permitiría reducir el coste fijo de la factura todos los meses, incluso cuando la casa está vacía.

Tipos de tarifas para segunda vivienda (pros y contras)

Una vez ajustada la potencia, el siguiente paso clave es elegir el tipo de tarifa. Aquí es donde muchas personas se equivocan, porque contratan la misma tarifa que en su vivienda habitual sin pensar si encaja con el uso real de la segunda residencia. 

Cada tipo de tarifa tiene ventajas y desventajas, y la mejor opción dependerá de cuándo y cómo utilices la casa.

Tarifa con discriminación horaria: ¿cuándo compensa?

La tarifa con discriminación horaria divide el día en tres tramos: punta, llano y valle, cada uno con un precio del kWh diferente. Las horas valle son las horas más baratas de la luz, siendo de lunes a viernes de 00h a 08h y las 24 horas los fines de semana y festivos nacionales.

Este tipo de tarifa suele encajar muy bien en segundas residencias que se usan sobre todo los fines de semana, en vacaciones o por las noches. Por ejemplo, si sueles poner lavadoras, cocinar o usar el termo eléctrico cuando llegas el viernes por la noche o el sábado, gran parte de tu consumo puede caer en horas más económicas.

Eso sí, conviene revisar bien los horarios antes de contratar, ya que no siempre coinciden exactamente con lo que imaginas, pues algunas compañías, en sus tarifas de discriminación horaria, establecen periodos horarios para las franjas punta, llano y valle que no coinciden con los horarios oficiales.

Tarifa fija 24h: ¿para quién suele funcionar?

La tarifa fija 24h tiene un único precio del kWh durante todo el día, sin importar la hora a la que consumas electricidad. Su principal ventaja es la sencillez: no tienes que estar pendiente de relojes ni de tramos horarios.

Puede ser una buena opción si usas la segunda vivienda de forma muy irregular o si prefieres pagar un poco más a cambio de tranquilidad. Por ejemplo, si vas algunos días sueltos, a horas cambiantes, y no quieres adaptar tu consumo a ningún horario concreto.

La parte negativa es que esa comodidad suele tener un precio. En tarifas de un solo precio 24 horas, el kWh es más caro que en las horas valle de una tarifa con discriminación horaria. 

Por eso, antes de contratar, conviene comparar bien y asegurarse de que el precio no sea excesivo para el poco consumo que suele tener una segunda residencia.

Tarifas “especiales” de verano o fines de semana: ojo con la letra pequeña

Muchas comercializadoras lanzan tarifas pensadas específicamente para segundas residencias, con precios atractivos en verano o durante los fines de semana, lo que se conocen como tarifas de horas promocionadas. 

A ciertas horas o días (en la mayoría de ocasiones, establecidos por la propia comercializadora), el precio del kWh es muy muy barato, es decir, el precio en horas promocionadas. A primera vista pueden parecer ideales, pero es importante leer bien las condiciones.

El principal riesgo está en lo que ocurre fuera del periodo promocionado. En la mayoría de tarifas, el precio del kWh es excepcionalmente caro el resto del año o del día, es decir, el precio en horas no promocionadas. 

También es habitual que estas tarifas incluyan permanencia o servicios añadidos, como mantenimiento eléctrico, que encarecen la factura aunque no los necesites.

Antes de contratar una tarifa de este tipo, revisa siempre cuáles son los periodos promocionados y no promocionados, qué precio del kWh se establece en cada uno de los dos, y si existe algún tipo de penalización por cambiar de tarifa o de compañía.

Tarifa plana: cuándo puede salir bien y cuándo es trampa

Con una tarifa plana de luz pagas lo mismo todos los meses, independientemente del consumo que realices. 

Aunque puede resultar atractiva por la previsibilidad del gasto, en segundas residencias suele ser una mala idea.

Este tipo de tarifas están pensadas para viviendas con un consumo estable durante todo el año. En una segunda residencia que pasa meses cerrada o con un uso muy irregular, lo normal es acabar pagando energía que no consumes. 

Por eso, salvo casos muy concretos, la tarifa plana de luz suele salir más cara de lo que parece.

Indexadas / PVPC: cuándo tiene sentido en una segunda residencia

Las tarifas indexadas y el PVPC (la tarifa regulada de luz), tienen un precio del kWh que cambia constantemente en función del mercado mayorista. Esto significa que el precio no solo varía de un día para otro, sino también cada hora. Hay momentos en los que la luz puede ser muy barata, pero también otros en los que el coste se dispara.

En una segunda residencia con un consumo muy bajo y muy puntual, este tipo de tarifas puede tener cierto sentido si estás dispuesto a asumir esa variabilidad. Por ejemplo, si solo vas unos pocos días al año y puedes concentrar el consumo en horas concretas, podrías aprovechar precios bajos en determinados momentos.

Eso sí, no es una opción cómoda. Para sacarles partido, tienes que estar pendiente del precio de la luz prácticamente a diario y adaptar el uso de los electrodomésticos a las horas más baratas. Además, la factura puede cambiar bastante de un mes a otro, incluso aunque el consumo sea similar.

Por eso, si buscas estabilidad, tranquilidad y no quieres estar consultando el precio del mercado cada día, las tarifas indexadas o el PVPC no suelen ser la mejor opción para una segunda vivienda. En la mayoría de casos, hay alternativas más sencillas y previsibles que encajan mejor con un uso esporádico

Checklist para elegir en 2 minutos

Antes de contratar, hazte estas preguntas rápidas:

– Si vas sobre todo los fines de semana: prioriza una tarifa con discriminación horaria o planes específicos de fin de semana, donde el precio del kWh suele ser más bajo en esos días.

– Si solo usas la casa en verano (1–2 meses al año): compara tarifas estacionales con una tarifa fija 24h y asegúrate de tener una potencia contratada baja para no pagar de más el resto del año.

– Si la vivienda pasa muchos meses vacía: la prioridad absoluta es reducir los costes fijos. Baja la potencia contratada al mínimo necesario y evita servicios extra o mantenimientos que encarezcan la factura.

– Si tienes aire acondicionado, bomba de calor o termo eléctrico: revisa bien tanto la potencia contratada como los horarios de consumo, ya que estos equipos influyen mucho en el coste final de la factura.

¿Dar de baja la luz o mantenerla? (caso segunda vivienda cerrada)

Cuando una segunda vivienda pasa mucho tiempo sin usarse, es normal plantearse si merece la pena seguir pagando la luz o si es mejor dar de baja el suministro. 

No hay una respuesta única, pero sí varios criterios claros que te pueden ayudar a decidir sin equivocarte.

Cuándo puede tener sentido dar de baja

Dar de baja el suministro eléctrico puede ser una opción si la vivienda va a estar completamente cerrada durante más de un año y no necesitas mantener ningún electrodoméstico en funcionamiento. En estos casos, seguir pagando el término fijo todos los meses puede no compensar.

Eso sí, antes de decidirlo conviene tener claro que volver a dar de alta la luz tiene un coste. Al reactivar el suministro, tendrás que pagar los derechos de alta (extensión, acceso y enganche), que pueden suponer varios cientos de euros en función de la potencia que contrates y del tiempo que haya pasado desde la baja. Además, el trámite no es inmediato y puede tardar varios días.

Por eso, dar de baja la luz solo suele tener sentido cuando tienes claro que no vas a utilizar la vivienda durante un periodo largo y continuado, y que el ahorro en costes fijos compensa el gasto y las molestias de volver a darla de alta más adelante.

Cuándo NO conviene dar de baja

En la mayoría de casos, no compensa dar de baja el suministro si vas a usar la vivienda aunque sea de forma puntual, por ejemplo algunos fines de semana, en vacaciones o de manera esporádica a lo largo del año. 

También es poco recomendable si necesitas mantener la nevera enchufada, un sistema de alarma o cualquier otro equipo básico.

En estas situaciones, mantener la luz con una potencia mínima suele ser mucho más práctico y, a largo plazo, más barato que darla de baja y volver a activarla después. 

De esta forma, sigues teniendo el suministro disponible cuando lo necesites y reduces al mínimo el coste fijo mensual.

Además, evitarás trámites innecesarios y posibles imprevistos cuando quieras volver a usar la vivienda. 

Por eso, salvo que la casa vaya a estar cerrada durante mucho tiempo y sin ningún uso, lo habitual es que mantener la luz con la potencia ajustada sea la opción más sencilla y eficiente.

Cómo ahorrar sin estar pendiente: autoswitching con Camby

Si tienes una segunda vivienda, es muy habitual dejar la tarifa de luz “tal cual está”. No porque sea la mejor, sino porque revisar precios, entender condiciones y comparar ofertas cada año resulta pesado, confuso y consume tiempo. 

Además, al no vivir allí, muchas veces ni siquiera detectas que estás pagando de más hasta que revisas una factura con calma. Mientras tanto, el mercado cambia, las tarifas empeoran y el ahorro potencial se pierde mes tras mes.

Precisamente aquí es donde el autoswitching marca la diferencia. Con Camby, no tienes que estar pendiente del mercado ni volver a pasar por el proceso de comparar tarifas una y otra vez. Camby monitoriza de forma continua los precios y las condiciones de las tarifas, y revisa si la que tienes sigue siendo adecuada para el uso real de tu segunda residencia.

Cuando aparece una opción mejor, no hay sorpresas ni decisiones a ciegas. Primero ves claramente cuánto puedes ahorrar y por qué se recomienda el cambio. A partir de ahí, Camby se encarga de todo: gestiona el cambio de compañía, el papeleo y las renovaciones, sin cortes de suministro y sin permanencias.

Preguntas frecuentes sobre las tarifas de luz para segundas residencias

¿Cuál es la mejor tarifa de luz para una segunda residencia?

Depende del uso que hagas de la vivienda. En la mayoría de casos, una tarifa con discriminación horaria y la potencia bien ajustada suele ser la opción más eficiente, ya que permite pagar menos cuando el consumo se concentra en fines de semana o en horarios concretos.

¿Qué potencia mínima puedo contratar en una segunda vivienda?

Para un uso básico, lo habitual es contratar entre 2,3 kW y 3,45 kW. Esta potencia suele ser suficiente si no utilizas varios electrodomésticos de alto consumo a la vez.

¿Me conviene discriminación horaria si solo voy fines de semana?

Sí, normalmente compensa, ya que los fines de semana y festivos nacionales el precio del kWh es más barato en este tipo de tarifas.

¿Hay permanencia en las tarifas “de segunda residencia”?

Algunas tarifas sí tienen permanencia, sobre todo las que incluyen promociones de verano o fines de semana. Por eso es fundamental revisar este punto antes de contratar para evitar penalizaciones si quieres cambiar más adelante.

¿Me quedo sin luz al cambiar de compañía?

No. El cambio de comercializadora es un trámite administrativo. No hay cortes de suministro ni tienes que hacer nada en la vivienda.

¿Es mejor dar de baja la luz si no voy en meses?

Solo suele compensar si la vivienda va a estar cerrada durante un periodo largo. En la mayoría de casos, bajar la potencia contratada y mantener el suministro activo es una solución más sencilla y práctica.

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